¿Usas aerosoles nasales? Descubre si estás entre los millones de personas que corren el riesgo de volverse adictas

Imagínate despertar en estado de pánico y tener como primer pensamiento consciente no el desayuno ni el día que te espera, sino la urgente necesidad de coger un frasco de spray nasal de 3 libras que está en tu mesa de noche.
Para Charlotte Johnstone, de 30 años, esta ha sido su realidad diaria desde la infancia: un ciclo de 23 años de dependencia que silenciosamente le ha robado su libertad y la ha dejado preguntándose qué daño a largo plazo la medicación podría haber infligido ya a su cuerpo.
Sin embargo, su lucha no es única. Una nueva investigación sugiere que millones de británicos están atrapados en una red idéntica de dependencia química, a menudo sin ser conscientes de que el mismo remedio que usan para respirar con mayor facilidad es el artífice de su trampa.
Una investigación conjunta de la televisora británica ITV News e Ipsos ha descubierto una crisis de salud pública que se esconde en millones de armarios de baño de todo el país.
Los resultados de la encuesta son claros: más de uno de cada cinco adultos que han usado aerosoles nasales descongestionantes lo han hecho durante más tiempo que el límite de siete días recomendado por el NHS y los fabricantes, lo que coloca a aproximadamente 5,5 millones de personas en riesgo de desarrollar una dependencia grave.
No se trata solo de comodidad o conveniencia. Para muchos pacientes, las consecuencias van mucho más allá de la congestión nasal: incluyen ansiedad, ataques de pánico, privación crónica del sueño y, en algunos casos, la necesidad de intervención quirúrgica.
Cómo se desarrolla la adicción a los descongestionantes nasales en aerosol: la trampa de la congestión de rebote
El mecanismo que provoca la adicción a los descongestionantes nasales en aerosol es a la vez elegante y devastador en su simplicidad. Los aerosoles que contienen xilometazolina u oximetazolina —presentes en marcas comunes como Vicks Sinex, Otrivine y Sudafed— actúan contrayendo los vasos sanguíneos de las fosas nasales, lo que proporciona un alivio temporal de la congestión.
Sin embargo, el uso prolongado desencadena una afección conocida como rinitis medicamentosa, o "congestión de rebote", en la que los tejidos nasales se adaptan al medicamento y se inflaman cada vez más. Cuando los usuarios intentan dejarlo, la congestión regresa con más intensidad, mucho peor que el problema original.
Esto crea un ciclo psicológico y fisiológico ineludible: la única manera de lograr un alivio temporal es usar más spray, profundizando la dependencia con cada aplicación.
El NHS y los fabricantes de medicamentos advierten explícitamente contra el uso de estos aerosoles durante más de siete días seguidos. Sin embargo, a pesar de las claras directrices, la práctica persiste a una escala alarmante. Quizás lo más preocupante sea la falta de transparencia entre el público y los profesionales sanitarios.
Según una encuesta de la Royal Pharmaceutical Society publicada el 8 de enero de 2026, casi tres cuartas partes de los farmacéuticos comunitarios (74%) creen que el envase de estos productos no es lo suficientemente claro en cuanto a la restricción de siete días.
Además, el 59% de los farmacéuticos encuestados consideró que los pacientes desconocen por completo el riesgo de congestión de rebote, lo que sugiere que millones de personas usan estos aerosoles sin saber en absoluto las consecuencias que provocan.
Sin embargo, la crisis no es invisible para los trabajadores de primera línea. Un extraordinario 63% de los 309 farmacéuticos comunitarios encuestados informaron haber intervenido en casos sospechosos de abuso, a menudo recomendando tratamientos alternativos o, en algunos casos, negándose rotundamente a vender el producto.
Estos profesionales presencian de cerca y con regularidad el costo humano que esto supone.
El costo humano de la adicción a los descongestionantes nasales en aerosol: historias desde la primera línea
El relato de Charlotte Johnstone revela el encarcelamiento psicológico que acompaña a la dependencia química. Ha estado usando su espray varias veces al día desde los siete años, un hábito que ahora le cuesta aproximadamente 30 libras al mes, una carga financiera relativamente modesta comparada con el inmensurable costo para su calidad de vida.
"No puedo dormir sin él. Me despierto y lo primero que hago es ponerme el espray nasal", declaró a ITV News. Comer congestionada le produce una sensación de claustrofobia, mientras que la perspectiva de estar en cualquier lugar sin su espray desencadena una conducta de evitación que ha reestructurado por completo su vida social.
Lo más impactante es su resignada aceptación del misterioso daño interno. "Paso por etapas de pérdida del olfato. Sé que está haciendo algo, pero no sé qué", confesó.
Sin embargo, el miedo a las consecuencias que la dependencia podría tener para ella durante la abstinencia resulta más poderoso que el miedo a las consecuencias que el consumo continuo podría tener para su salud. "Dejarlo de golpe requiere mucha valentía. Tendría que pedir mucho tiempo libre en el trabajo. Y es muy aterrador pensarlo", explicó.
Después de la investigación inicial de ITV News sobre el tema en abril de 2025, miles de espectadores presentaron historias notablemente similares.
Un corresponsal reveló haber pasado seis meses con ambas fosas nasales completamente bloqueadas por uso excesivo: "En 2022, usé la nariz en exceso; ambas fosas nasales estuvieron bloqueadas durante seis meses, no es broma. Fueron los peores seis meses de mi vida". Otro lleva quince años con dependencia y sufre "un ataque de pánico total si voy a algún sitio y lo olvido".
Tal vez lo más condenatorio fue el relato de alguien que buscó ayuda de su médico de cabecera y fue rechazado: "Fui al médico de cabecera por mi dependencia del aerosol nasal y se rió en mi cara".
Un sistema que falla a los pacientes: un llamado a un cambio urgente
La profesora Amira Guirguis, científica jefa de la Real Sociedad Farmacéutica, se ha convertido en una de las pocas voces autorizadas que exigen un cambio sistémico.
"Los aerosoles descongestionantes nasales pueden ser útiles para un alivio a corto plazo, pero usarlos durante más de siete días puede empeorar significativamente la congestión", afirmó. "Nuestra investigación muestra que muchas personas desconocen este riesgo, lo que significa que podrían seguir usándolos sin darse cuenta de que podrían estar prolongando sus síntomas. Nos gustaría ver advertencias más claras en el envase que no se pasen por alto y una mayor concienciación sobre el límite de siete días".
Olivier Picard, presidente de la Asociación Nacional de Farmacias, agregó un contexto crucial: "Cuando un paciente compra medicamentos en tiendas de lugares como un supermercado o una gasolinera, puede que no sea consciente de los posibles efectos secundarios de lo que está tomando o de cómo tomar el medicamento de forma segura".
Esta observación resalta una brecha preocupante: si bien los farmacéuticos pueden intervenir cuando detectan una sospecha de uso excesivo, muchos otros compran estos aerosoles en entornos que no son farmacias, sin recibir ninguna orientación profesional.
Sin embargo, hay esperanza. Existen alternativas seguras y eficaces, como aerosoles nasales con esteroides, enjuagues salinos, inhalaciones de mentol y terapia de vapor. Para quienes ya son dependientes, la recuperación suele lograrse a los pocos días de suspender el consumo, y las tasas de recaída siguen siendo excepcionalmente raras.
El camino médico a seguir está despejado. Lo que sigue siendo incierto es si se materializará la urgencia suficiente para evitar que millones de personas más queden atrapadas como Charlotte Johnstone, prisioneras de una pequeña botella en su mesita de noche.
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