Robert Duvall muere a los 95 años: su romance con Argentina y la cultura del tango
El actor ganador del Oscar murió en su casa en Middleburg, Virginia.

Robert Duvall, el actor ganador del Oscar cuya filmografía ayudó a definir el cine estadounidense moderno, es recordado no sólo por sus papeles en clásicos como El Padrino y Apocalipsis ahora, sino también por una segunda pasión que lo llevó lejos de los estudios de sonido de Hollywood y a lo profundo de los clubes de tango nocturnos de Buenos Aires.
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Duvall falleció la noche del domingo 15 de febrero de 2026 en su domicilio de Middleburg, Virginia, según un comunicado de su representante. Tenía 95 años.
Durante años, el tango fue más que un pasatiempo para Duvall. Fue una disciplina, un mundo social y, con el tiempo, una historia de amor directamente ligada a Argentina. En un artículo de 2011 para Esquire, destiló el baile con una frase que los bailarines de tango suelen repetir a su manera: "Cuando bailas tango rápido, tienes que pensar despacio".

Su conexión con Argentina se volvió inseparable de Luciana Pedraza, la argentina que luego se convertiría en su esposa. La historia de sus orígenes parece una escena de película, salvo que al propio Duvall le encantaba contarla. En ese mismo artículo de Esquire, contó que fue a una panadería porque una floristería estaba cerrada, y ese imprevisto lo llevó a conocer a Pedraza en Argentina. CBS News, en un reportaje de 2004 centrado en su obsesión por el tango, también describió el encuentro frente a una panadería de Buenos Aires, citando a Pedraza recordando cómo ella se acercó a él y lo invitó a la inauguración de una tienda de tango.
A principios de la década del 2000, Duvall hizo lo que solía hacer con sus pasiones: las convirtió en un proyecto. Escribió, dirigió y protagonizó "Asesinato en Tango", un thriller que introduce a un asesino profesional envejecido en Buenos Aires y se deja llevar por la cultura tanguera de la ciudad, lenta, seductora y finalmente completa. El Austin Chronicle capturó la premisa con contundencia, describiendo cómo el personaje se fascina con el tango durante una misión en Buenos Aires, y cómo la película entrelaza el amor de Duvall por el baile, la ciudad y Pedraza, quien aparece junto a él.
La película fue importante para los aficionados al tango porque trataba el baile menos como un floreo exótico y más como un lenguaje vivo con reglas, etiqueta y un latido que comienza con la caminata. Ese enfoque coincide con la forma en que Duvall habló del tango en público, como algo lo suficientemente exigente como para humillar a un actor conocido por interpretar a comandantes, vaqueros y hombres impávidos.
Su vida tanguera no se limitó a Argentina. Un obituario del Times señaló que, tras casarse con Pedraza en 2005, mantuvieron el ritual en casa, con sesiones diarias de tango en un granero reformado en la granja de Duvall en Virginia, junto con otra obsesión compartida: los caballos. En otras palabras, el tango no se quedó en Buenos Aires como un romance de vacaciones. Se convirtió en parte de su rutina doméstica.
Argentina, para Duvall, también representó una especie de reinicio creativo. Regresó una y otra vez, no como una celebridad que acumula experiencias, sino como alguien que busca la maestría en una cultura a la que no le importa quién eres una vez que pisas la pista. CBS News lo describió pasando noches en clubes de tango de Buenos Aires, calificándolo de "obsesión", y enmarcando sus viajes en torno al baile en lugar de la vida nocturna en el sentido habitual.
En las horas posteriores a su fallecimiento, los homenajes se centraron en la inmensidad de su obra cinematográfica, pero el hilo conductor del tango ofrece una manera diferente de comprender la longevidad de Duvall como artista. La actuación premió sus instintos. El tango exigió su atención. Argentina le brindó un lugar donde no fue solo Robert Duvall, leyenda, sino simplemente otro hombre que aprendía a escuchar, liderar y moverse al compás.
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