El actor James Ortiz, de ascendencia puertorriqueña, no tenía un rostro con el que trabajar cuando se propuso dar vida a Rocky en "Project Hail Mary". No tenía ojos expresivos, ni sonrisa, ni gestos humanos. En cambio, contaba con postura, ritmo, torpeza y memoria, incluyendo la que se adquiere al crecer rodeado de personalidades familiares fuertes.