¿Lewis Hamilton desmintió los rumores de noviazgo con Kim Kardashian? La estrella de la F1 dio una respuesta muy contundente.

Imagínate esto: el rugido de una multitud de 70.000 personas en el Levi's Stadium, los Seattle Seahawks y los New England Patriots enfrentándose bajo las luces del Super Bowl LX, y allí, escondido entre la élite de la lista A, se sienta Lewis Hamilton, con un jersey negro casual sobre su cuerpo, inclinándose para murmurarle algo a Kim Kardashian. Ella es toda una Pamela Anderson redux: recogido altísimo, gafas de sol extragrandes protegiendo su mirada, gotas de diamantes brillando como secretos, una gargantilla plateada abrazando su cuello. Es el 8 de febrero de 2026, y la noche más importante de la NFL acaba de recibir una actualización sensacionalista. Pero cuando la prensa se acercó, Hamilton no se hizo el tímido. Siete palabras, dichas con seriedad: "No voy a comentar sobre eso. Eso es privado".
Lewis Hamilton and Kim Kardashian show off their love for the first time at Super Bowl LX! pic.twitter.com/lGfIxOh84X
— Shuffle: AI You Can Text (@addshuffle) February 9, 2026
Lo primero que llama la atención no es el glamour —Dios sabe que ya hemos visto suficiente—, sino el encierro. Hamilton, el siete veces campeón del mundo que nunca ha rehuido una plataforma, traza una línea en la arena. Sin provocaciones en Instagram , sin tímidas secuencias de emojis. Solo un muro.
El paso al costado del Super Bowl
Ted Kravitz, de Sky Sports, captó la esencia más tarde, relatando la reunión con la prensa escrita con una mezcla de admiración y picardía. "Les aseguro que le preguntaron eso en la prensa escrita", dijo Kravitz. "Le preguntaron: '¿Disfrutaste más de tu compañía que del partido de la Super Bowl?', y él respondió: 'Es mi vida privada. No voy a hablar de eso'. Así que, eso es lo que me dijeron". Hizo una pausa para darle más efecto y añadió con una risita: "Solo iba a preguntar si Kim se convertiría en un Tifosi, como todos los aficionados de Ferrari, pero me acobardé. Y con razón. Pero nunca iba a darme una respuesta, ¿verdad?".
Kravitz lo clava: esto no es una evasión; es un desaire frontal. Y no se le puede culpar. La vida de Hamilton ha sido durante mucho tiempo un asunto público: su activismo vegano, sus cambios de estilo, su fichaje por Ferrari, que entusiasma a la Scuderia de cara a 2026. ¿Y el romance? Ese es el único terreno donde la británica de Stevenage defiende las puertas con fiereza. Kardashian, mientras tanto, prospera bajo los focos, con su imperio Skims construido sobre una vulnerabilidad cuidada. Su pareja, si es que la hay, se siente como una chispa de encuentro entre la gasolina y la gasolina: el rey filósofo de la F1 y la reina inquebrantable de los realities.
Indaga un poco y la cronología se aclara. En diciembre, se rumoreaba que estaban en la fiesta de Kate Hudson en Colorado, codeándose entre las cumbres nevadas. El Año Nuevo cambió el guion: supuestamente celebraron juntos y luego se fueron en avión a una escapada discreta a Inglaterra. En enero, Kardashian aterrizó en Gran Bretaña a bordo de su jet privado de 125 millones de dólares, con su equipo de seguridad (tres guardias, nada menos), para pasar 24 horas relámpago en el hotel Esteller Manor con Hamilton. ¿Coincidencia? Quizás. Pero lo que no se puede ignorar es el patrón: la proximidad genera titulares.
Lo que realmente revelan los rumores de citas
Ninguna ha confirmado nada. Kardashian se ha mantenido en silencio, sus redes sociales son un bastión de lanzamientos de marcas y fotos familiares. ¿Hamilton? Esa brusquedad en el Super Bowl lo dice todo. En un mundo donde las celebridades monetizan cada mirada —piensen en el imperio de la gira Eras de Taylor Swift tras un romance en estadios—, esta reticencia resulta casi radical. Insinúa que algo genuino se está gestando, o tal vez solo dos titanes esquivando el circo. Sea como sea, humaniza a Hamilton, despojándolo de su icono y convirtiéndolo en un hombre que valora lo "privado" por encima de lo "representativo".
Las implicaciones son aún mayores. Para Kardashian, después de Kanye, después de Pete Davidson, esto roza la reinvención: cambiar Hollywood por la vibrante Europa. Para Hamilton, recién llegado de Mercedes y con la mirada puesta en la gloria de Ferrari, es un recordatorio de que incluso las leyendas anhelan un refugio fuera de la pista. Los aficionados especulan desesperadamente: ¿participará ella en el GP de Mónaco? ¿Don Red? Pero aquí está el problema: su rotundo "sin comentarios" lo desmiente, obligándonos a afrontar el vacío entre el avistamiento y la historia.
Al final, esto no es solo material para chismes. Es una instantánea de la cuerda floja de la fama: cuando cada aparición es noticia, la verdadera conexión exige desafío. ¿Las siete palabras de Hamilton? No son negación, son declaración.
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