'Whistle' no es solo una película de miedo, su protagonista Dafne Keen la ve como perfecta para una cita romántica - ENTREVISTA

Hay quien cree que el terror y el romance no se mezclan. Whistle demuestra lo contrario. Para Dafne Keen, la protagonista del filme, una película de miedo puede ser uno de los planes más íntimos y reveladores para una cita, sobre todo cuando una relación apenas empieza.
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"Me parece algo súper romántico", dice la actriz entre risas, convencida de que el terror no es solo gritos y sobresaltos, sino una excusa para descubrir cómo reacciona la otra persona ante lo inesperado. Si se asusta, si acompaña, si respeta la vulnerabilidad. "Quiero alguien sensible, que esté en contacto con sus emociones, pero que también me coja la mano sin que yo tenga que pedirlo", explica. Para Keen, el detalle es clave. No burlarse, no minimizar el miedo ajeno, saber acompañar. El terror, en ese sentido, se convierte en una prueba de empatía.
Esa lectura emocional del género conecta directamente con Whistle, una película que utiliza el horror como vehículo para hablar de duelo, adicción y fragilidad humana. Keen interpreta a Chrysanthemum, un personaje tan feroz como vulnerable, atravesado por pérdidas profundas y por la lucha constante contra sus propios fantasmas.
Lejos de construirla desde el exceso o la caricatura, la actriz optó por un trabajo contenido, lleno de matices. "Era muy importante para mí no retratarla a brocha gorda", explica. Para lograrlo, recurrió a experiencias personales, a su propia relación con el duelo y a una observación cuidadosa de la mente adictiva, siempre desde la comprensión y no desde el juicio. Chris es una mujer sensible que intenta endurecerse, pero no puede. Un corazón expuesto en un entorno que no perdona la debilidad.
Esa sensibilidad se percibe tanto en las escenas de acción como en los silencios, en las microexpresiones que sostienen el peso emocional de la historia. Whistle no se apoya únicamente en el impacto visual del terror, sino en la incomodidad de ver a alguien enfrentarse a lo que duele, a lo que se evita, a lo que se pierde.
Parte de ese equilibrio se debe también a la mirada del director Corin Hardy, conocido por su trabajo en el género y por un enfoque minucioso y profundamente humano. Keen recuerda el rodaje como una experiencia de cuidado colectivo, algo poco habitual en películas que suelen asociarse con tensión constante. Hardy se aseguró de que el equipo se sintiera cómodo, de que existiera una dinámica de confianza entre los actores y de que el proceso creativo fuera tan importante como el resultado final.
"Es un director muy detallista y muy apasionado", señala. Atento a la cámara, al vestuario, al atrezo y, sobre todo, a las interpretaciones. Pero también alguien que cuidaba lo emocional. Durante el rodaje, el equipo compartía cenas, salidas al cine y actividades fuera del set. Keen incluso celebró su cumpleaños número 19 durante la filmación, y fue el propio director quien se encargó de la tarta.
Ese entorno de apoyo resulta clave en una película que exige tanto a nivel emocional. Whistle no solo pide gritos o resistencia física, pide presencia, escucha y honestidad interpretativa. Algo que Keen ha ido afinando a lo largo de una carrera que comenzó muy temprano y que la convirtió en un rostro reconocible a nivel global.
El público la identifica principalmente por Laura, la hija de Wolverine en Logan, aunque la actriz confiesa que le sorprende cuánto la reconocen también por Jackie, su personaje en Star Wars, a pesar de estar "vestida de alienígena". Esa dualidad entre icono pop y actriz de registro íntimo define el momento que atraviesa hoy.
A sus 21 años, recién cumplidos, Keen parece más interesada en las cosas pequeñas que en los grandes gestos. Para celebrarlo, cocinó en casa para sus amigas, bebieron vino, cantaron y jugaron juegos de mesa. Nada de fiestas centradas en ella. "No me gusta que las cosas vayan de mí, me estresa", admite.
Esa misma naturalidad se refleja cuando habla de representación cultural, de la música latina y del entusiasmo que le genera ver a Bad Bunny en un escenario como el Super Bowl. Como actriz hispana, aunque no latina, celebra un momento en el que la cultura en español empieza a ocupar espacios centrales sin necesidad de traducción o etiquetas.
Whistle llega así como una película que asusta, sí, pero que también acompaña. Una historia que puede verse en pareja, agarrando la mano en los momentos más incómodos, y que recuerda que el terror, como el amor, revela mucho más de nosotros de lo que estamos dispuestos a admitir.
Y quizá por eso, contra todo pronóstico, termina siendo una película perfecta para San Valentín.
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