Borja Voces lanza la segunda temporada de Código de Investigación y recuerda que su futuro fue cantado en una plaza española cuando era niño.

El conductor de TelevisaUnivision sonríe cuando recuerda aquella escena que parece sacada de un guion imposible. Tenía apenas siete años y un psíquico que leyó las cartas a su madre se detuvo frente a una foto suya para soltar una frase que quedó flotando en el aire: ese niño se ganará la vida con la garganta. Décadas después, el presentador español que hoy es una de las caras más reconocibles de la televisión hispana en Estados Unidos no puede evitar reírse ante la precisión casi poética de aquella predicción.

"Yo era un niño", me cuenta Borja, con esa mezcla de sorpresa y ternura que todavía lo acompaña al relatar la anécdota. "Mi madre fue a una feria esotérica, de esas que se montaban en centros comerciales, y el hombre le dijo que yo iba a vivir de mi voz. Mi apellido es Voces. Cuando lo pienso ahora, me parece una locura". La historia se convirtió en un recuerdo recurrente en su familia, una especie de presagio doméstico que nadie supo cómo interpretar en ese momento, pero que hoy cobra un sentido evidente.

Ese niño terminó convirtiéndose en uno de los comunicadores más sólidos y respetados de la televisión en español. Borja Voces construyó su carrera lejos de España, un país al que sigue profundamente ligado, pero del que se marchó buscando un espacio que no encontraba. "No todos los que emigran lo hacen por capricho", reflexiona. "Muchas veces es porque no hay hueco. Y cuando desde tu país reconocen que te ha ido bien fuera, eso emociona".

Hoy, Borja es sinónimo de rigor, cercanía y una manera muy humana de contar historias duras sin perder sensibilidad. Su regreso a la pantalla con la segunda temporada de Código de Investigación marca un nuevo capítulo en esa trayectoria. El programa, que se estrenó este lunes con casa nueva en Unimás tras su paso por Univision, mantiene su horario nocturno, pensado para un público adulto que busca entender lo que pasa en el mundo sin sensacionalismo. "Es un horario perfecto", explica. "La gente ya está en casa, los niños dormidos, y puede sentarse a ver televisión con calma".

La nueva temporada llega ampliada y ambiciosa. Aunque el eje sigue siendo el relato de casos impactantes, el formato se abre a historias que van más allá del crimen tradicional. "No siempre tiene que haber un asesinato", aclara Borja. "Hay robos históricos, desapariciones, redes criminales, sectas, engaños que cambian vidas. Nuestro objetivo es narrar los hechos para que el espectador diga al final: ahora lo entiendo".

Esa vocación pedagógica atraviesa todo el proyecto. Borja insiste en que Código de Investigación no busca especular ni inventar teorías. "No somos un departamento de noticias ni detectives improvisados. Contamos lo que se sabe, con expertos, con contexto, y con mucho respeto". Casos como el de Amy Bradley, la joven que desapareció misteriosamente durante un crucero familiar, o historias de tráfico humano y manipulación psicológica, se presentan como advertencias, no como entretenimiento vacío. "La información también protege", dice. "Te hace más consciente, menos ingenuo".

La emoción con la que Borja habla del programa es la de alguien que todavía se siente afortunado. "Sueno como un niño ilusionado", reconoce, y no parece exagerar. En el estudio han recreado escenarios completos, como el Museo del Louvre, para explicar robos históricos con precisión visual. "Queremos que el espectador se meta dentro de la historia, que entienda la pericia, los errores, el contexto".

Ese entusiasmo convive con una mirada muy clara sobre su lugar en la televisión hispana. Aunque no descarta volver algún día a España, Borja es honesto: hoy su compromiso está con la audiencia latina en Estados Unidos. "Esta comunidad necesita voces que la acompañen, que expliquen, que conecten. Eso me llena". Solo una razón lo haría replantearse ese camino: la familia. "Nada más".

Cuando se le pregunta por el futuro, por libros o nuevos proyectos, Borja sonríe con prudencia. Dice que el tiempo es un lujo escaso, pero admite que algo ha aprendido tras tantos casos analizados: no existe el crimen perfecto. La tecnología, el ADN y la inteligencia artificial están reabriendo historias del pasado y corrigiendo injusticias. "Eso también es importante contarlo", subraya.

Al despedirse, Borja vuelve a ese niño que fue y a la frase del psíquico que marcó su destino sin saberlo. Quizá no cree del todo en las predicciones, pero sí en el trabajo, en la constancia y en la responsabilidad de usar la voz para algo más que hacer ruido. Y mientras Código de Investigación regresa más fuerte, queda claro que aquella garganta anunciada hace años sigue cumpliendo su propósito, con rigor, emoción y una humanidad que no se aprende en ninguna carta astral.