Orígenes del Reloj del Juicio Final: Razones escalofriantes por las que empezó a sonar hace 78 años
Creado en 1947 por científicos del Proyecto Manhattan, el Reloj originalmente marcaba siete minutos antes de medianoche.

Las manecillas del Reloj del Juicio Final se han movido de nuevo, y las noticias son desalentadoras. El Boletín de los Científicos Atómicos ha fijado oficialmente la hora a 89 segundos de la medianoche. Esto es lo más cerca que el Reloj ha estado de la hora del apocalipsis desde su creación.
Durante casi ocho décadas, este reloj simbólico ha servido como una luz de advertencia para la humanidad, indicando lo cerca que estamos de destruir nuestro propio mundo con tecnologías peligrosas. Para comprender por qué este cambio es tan aterrador, debemos remontarnos 78 años atrás, al inicio de la era nuclear, cuando los científicos que construyeron la bomba atómica se dieron cuenta por primera vez del horror de lo que habían creado.
El nacimiento de un símbolo en 1947
La historia comienza en Chicago en 1947. La Segunda Guerra Mundial había terminado solo dos años antes, pero comenzaba una nueva guerra, más fría. Los científicos que trabajaban en el Proyecto Manhattan —el programa estadounidense ultrasecreto para construir la bomba atómica— formaron un grupo llamado el Boletín de Científicos Atómicos. Estaban atemorizados. Conocían el poder del arma que habían desatado y temían que el público no comprendiera el peligro.
Para captar la atención mundial, pusieron un reloj en la portada de su revista. Lo diseñó una artista llamada Martyl Langsdorf. Colocó las manecillas a siete minutos de la medianoche. En aquel entonces, eligió esa posición principalmente porque le parecía atractiva. Sin embargo, la hora pronto adquirió un significado serio. "Medianoche" representaba el fin de la civilización: una catástrofe nuclear total. Los siete minutos representaban el breve tiempo que le quedaba a la humanidad para corregir sus errores antes de que fuera demasiado tarde. Era una imagen estática entonces, pero estaba a punto de convertirse en un testimonio vivo del miedo humano.
La primera alarma: 1949
Durante dos años, el reloj marcó siete minutos antes de la medianoche. Entonces, en 1949 , el editor del Boletín, Eugene Rabinowitch, tomó una decisión escalofriante. Movió la manecilla de los minutos por primera vez. La Unión Soviética había probado su primera bomba atómica. Este acontecimiento conmocionó a Occidente. Significó que Estados Unidos ya no era el único país con armas nucleares. Había comenzado una carrera armamentista, y los científicos sabían que la probabilidad de una guerra nuclear había aumentado drásticamente.
Rabinowitch adelantó el Reloj a tres minutos de la medianoche. En un comunicado de ese año, el Boletín advirtió que la "carrera armamentística atómica" estaba en pleno apogeo. El cómodo margen de siete minutos había desaparecido. Los científicos querían demostrar que un solo paso en falso de un líder mundial podía sumir al planeta en la oscuridad. Esto sentó el precedente para el Reloj: avanzaría cuando el peligro aumentara y retrocedería cuando la paz pareciera posible.
Una nueva definición de fatalidad
En sus inicios, la palabra "catástrofe" significaba una sola cosa: guerra nuclear. Hoy, las afirmaciones del Boletín sobre el apocalipsis se han vuelto más complejas y aún más aterradoras. El cambio a 89 segundos para la medianoche no se limita a las armas nucleares, aunque esta amenaza sigue siendo muy alta debido a los conflictos modernos. Los científicos ahora incluyen otros peligros provocados por el hombre en sus cálculos.
Un factor importante es el cambio climático. El Boletín argumenta que el aumento de las temperaturas globales representa una amenaza para la supervivencia humana tan grave como una guerra nuclear. Señalan el calor récord, el derretimiento del hielo y las condiciones climáticas extremas como señales de que estamos dañando nuestros sistemas vitales. Además, les preocupan las tecnologías disruptivas, como la inteligencia artificial (IA) y las amenazas biológicas. La preocupación radica en que estas tecnologías avanzan más rápido que nuestra capacidad para controlarlas, creando nuevas vías para el colapso de la civilización.
Comparando el peligro
Al comparar 1947 con la actualidad, la diferencia es abismal. En 1947, a siete minutos de la medianoche, se sentía que aún había tiempo para negociar. Incluso en 1953, cuando se probó la bomba de hidrógeno y el reloj marcó dos minutos antes de la medianoche, la amenaza era singular. Hoy, a 89 segundos, el Boletín afirma que el peligro es "sin precedentes".
El cambio de minutos a segundos es significativo. Implica que casi no hay margen de error. El panel del Boletín advierte que las instituciones diseñadas para gestionar estos riesgos, como las Naciones Unidas y los tratados de control de armas, no están funcionando como deberían. Los científicos nos dicen que la red de seguridad está rota.
¿Hay esperanza para el futuro?
A pesar de la aterradora configuración de 89 segundos para la medianoche, el Reloj del Juicio Final no pretende hacernos rendirnos. Está diseñado para asustarnos y obligarnos a actuar. Los científicos enfatizan que el Reloj puede retroceder. En 1991, al final de la Guerra Fría, el Reloj se fijó en 17 minutos para la medianoche, el tiempo más seguro jamás visto. Esto demuestra que las decisiones políticas inteligentes pueden reducir el peligro.
Sin embargo, la situación actual suena como una sirena. El Boletín afirma que, sin una acción inmediata en materia de desarme nuclear, cambio climático y regulación tecnológica, nos encaminamos sonámbulos hacia el final. El tictac nunca ha sido tan fuerte, y el tiempo para demorar se ha agotado.
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