El príncipe Andrés y Sarah Ferguson se separarán después de 20 años con la llegada de los camiones de mudanzas de la Logia Real, según un informe.
Andrew y Ferguson se separaron después de dos décadas, obligados a abandonar la Logia Real por decreto del palacio.

Durante casi veinte años, han sido inseparables. No como marido y mujer (esa relación terminó en 1996), sino como algo más inusual: una expareja que decidió construir una vida juntos.
En Royal Lodge, su extensa mansión de 30 habitaciones en Windsor Great Park, Andrew Mountbatten-Windsor y Sarah Ferguson crearon una existencia poco convencional, al abrigo del escrutinio público. Ese capítulo está a punto de cerrarse, y no en sus propios términos.
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El miércoles 14 de enero por la mañana, un gran camión de mudanzas entró por las puertas de Royal Lodge en Windsor. El momento fue simbólico, capturado en fotografías de toda la prensa británica: la manifestación física del fin de un acuerdo que ha desconcertado a los observadores durante décadas.
Esta no es una salida tranquila que se prolongue durante meses. Fuentes sugieren que Andrew podría abandonar la propiedad por completo a finales de este mes, o incluso antes de su sexagésimo sexto cumpleaños el 19 de febrero, mucho antes del plazo de un año inicialmente previsto.
Para Andrew, la salida precipitada representa la decisión de recuperar algo de autonomía en una situación que, por lo demás, sería humillante. Su amigo le reveló su razonamiento con claridad: "Por fin ha decidido que necesita seguir adelante con su vida, así que se mudará antes de lo previsto y empezará de cero a finales de mes, o al menos antes de su cumpleaños en febrero".
Más significativamente, esta separación de Ferguson marca un punto de inflexión. El amigo añadió: "Él y Sarah tomarán caminos separados por primera vez en casi 20 años. Aparte de la relación con sus hijos y nietos, vivirán vidas separadas".
La mecánica de la salida forzosa
Los preparativos para la mudanza de Andrew ya están en marcha. Marsh Farm, una modesta propiedad de cinco habitaciones en la finca Sandringham, cerca del pueblo de Wolferton, se está preparando para su llegada.
El contraste es difícilmente mayor. Mientras que Royal Lodge ofrecía grandeza, historia y amplias habitaciones, quienes la conocen describen Marsh Farm sin rodeos como "muchísimo más pequeña y menos lujosa que Royal Lodge".
Las obras de renovación se han acelerado drásticamente. Se avistaron al menos seis trabajadores en la obra durante el frío extremo, excavando sistemas de drenaje, instalando cercas e instalando cámaras de CCTV.
Se han desplegado ingenieros de Sky VIP para garantizar que la propiedad cuente con conectividad de banda ancha y televisión, un detalle que dice mucho sobre cómo Andrew planea pasar sus últimos años. La casa de campo, abandonada desde hace tiempo, requiere mucha atención para ser habitable.
Cabe destacar que Andrew no se mudará directamente a Marsh Farm. En su lugar, se espera que se traslade inicialmente a una propiedad temporal más pequeña en otro lugar de la finca Sandringham —posiblemente Wood Farm o York Cottage— hasta que finalicen las renovaciones alrededor de Semana Santa.
Este acuerdo provisional, aunque representa un retroceso drástico, gana tiempo para preparar la residencia principal.
Sarah forja su propio camino: el nuevo comienzo de la duquesa
La posición de Ferguson sigue siendo más incierta, pero igualmente trascendental. A diferencia de Andrés, quien permanecerá bajo la protección del Patrimonio de la Corona y la financiación privada del Rey, Ferguson está trazando un rumbo independiente.
Un portavoz confirmó que la duquesa está "explorando varias opciones actualmente, sin que se haya tomado una decisión definitiva". Según informes, busca una propiedad en la zona de Windsor, lo suficientemente cerca como para estar cerca de sus hijas, Beatriz y Eugenia, pero separada física y simbólicamente del hombre del que se divorció hace treinta años.
Esta separación es particularmente significativa porque cierra un capítulo en una historia personal ya de por sí compleja. Sarah y Andrew se casaron en 1986, se separaron en 1992 y se divorciaron en 1996, pero continuaron viviendo juntos en Royal Lodge desde 2008.
Ese inusual acuerdo —poco común incluso en círculos reales— se ha vuelto insostenible. Lo que comenzó como un acuerdo pragmático se ha visto superado por acontecimientos totalmente ajenos a su control: la relación de Andrés con Jeffrey Epstein y la posterior despojación de sus títulos reales.
El contexto de esta destitución es inequívoco e ineludible. En octubre de 2025, el rey Carlos inició los trámites formales para retirarle a Andrés los títulos reales, el estilo y los honores tras un renovado escrutinio sobre sus vínculos con Epstein, el financiero caído en desgracia que se suicidó en 2019.
Andrés ha negado repetidamente haber actuado mal y ha pagado millones para resolver una demanda civil interpuesta en su contra. Sin embargo, la decisión del palacio fue inaudita e implacable. Andrés ahora es simplemente Andrew Mountbatten-Windsor: un ciudadano privado obligado a abandonar su hogar después de dos décadas.
La partida del camión de mudanzas de Royal Lodge en aquella fría mañana de enero fue más que un simple evento logístico. Representó el fin definitivo de una vida pasada y el comienzo de algo austero y contenido.
Para Andrew y Sarah, eso representa un capítulo nuevo y mucho más solitario.
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