Andrew Mountbatten-Windsor ha sido objeto de un nuevo escrutinio tras la publicación de documentos judiciales polémicos en Estados Unidos. Estos documentos sugieren que Andrew puso en peligro la seguridad nacional e incumplió estrictos protocolos al proporcionar secretos comerciales clasificados al delincuente sexual convicto Jeffrey Epstein. Mientras se desempeñaba como representante especial del Reino Unido para Comercio e Inversión, Andrew parece haber tratado al financiero caído en desgracia como un informante privilegiado, en lugar de como un delincuente convicto.

Andrés ejerció como destacado enviado comercial durante una década, de 2001 a 2011. Incluso después de que Epstein fuera condenado en 2008 y enviado a prisión por solicitar a una menor, los correos electrónicos sugieren que el príncipe no cortó lazos. En cambio, aparentemente mantuvo una línea de contacto mucho más profunda que una simple charla informal. La correspondencia presenta a un funcionario real dispuesto a difuminar las fronteras entre el deber público y la colaboración privada.

Traición en Nochebuena respecto a los proyectos afganos financiados por el Gobierno

Una de las revelaciones más dañinas contradice la narrativa pública del Duque sobre la cronología de su amistad con Epstein. Durante su desastrosa entrevista en Newsnight en 2019, Andrés insistió en que su último encuentro con Epstein tuvo lugar en Nueva York a principios de diciembre de 2010, alegando que solo visitó el lugar para romper lazos. Sin embargo, los correos electrónicos recién salidos a la luz sugieren una realidad muy diferente.

En la Nochebuena de ese mismo año, semanas después de que supuestamente terminara su amistad, Andrew supuestamente envió a Epstein un informe detallado. Esta correspondencia contenía información confidencial sobre oportunidades de inversión en la reconstrucción de la provincia de Helmand, Afganistán . En aquel momento, este delicado proyecto estaba bajo la supervisión directa de las fuerzas armadas británicas y contaba con financiación del gobierno británico.

La divulgación de esta información a un particular, en particular a uno con antecedentes penales, plantea serias dudas sobre la seguridad de las operaciones del Estado británico durante ese período. Sugiere que, mientras las tropas británicas se encontraban sobre el terreno, el duque discutía el potencial comercial de la región con un delincuente sexual.

Reenvío de informes oficiales minutos después de su recepción

Los documentos revelan además un patrón de transferencia inmediata de información. El 30 de noviembre de 2010, el Duque recibió, según se informa, resúmenes oficiales de viaje redactados por Amit Patel, quien actuaba como su mano derecha en ese momento.

El rastro digital muestra que Andrew envió estos documentos confidenciales a Epstein solo cinco minutos después de recibirlos.

A principios de ese año, el 7 de octubre, Andrés ya había desvelado detalles sobre sus próximas giras oficiales. Estos correos electrónicos alertaron a Epstein sobre los movimientos del príncipe en Singapur, Vietnam, Shenzhen ( China) y Hong Kong. La correspondencia implica que la información permitió a los socios comerciales de Epstein acompañar o coordinar sus movimientos con la delegación real oficial.

Para febrero de 2011, la comunicación seguía activa. En un correo electrónico fechado el 9 de febrero, Andrés insinuó que Epstein podría estar interesado en una firma de capital privado que el Príncipe había visitado tan solo una semana antes. Este diálogo continuo contrasta marcadamente con las afirmaciones del Duque sobre la ruptura de la relación.

Exsecretario de Comercio tomado por sorpresa

El caos causado por estas filtraciones ahora está involucrando a figuras políticas que ocuparon el poder en aquel entonces. Sir Vince Cable, quien se desempeñó como Secretario de Comercio durante este período, expresó su total conmoción ante las revelaciones. Señaló que el departamento operaba bajo el supuesto de estricta confidencialidad respecto a las misiones comerciales.

"No sabía que Andrew... hubiera compartido información sobre oportunidades de inversión [en Afganistán] antes, es la primera vez que oigo hablar de ello", afirmó Sir Vince respecto a las filtraciones.

El rol de un enviado comercial no es meramente protocolario; conlleva estrictas responsabilidades. Las directrices oficiales establecen explícitamente que, si bien los enviados no son funcionarios públicos, el cargo conlleva un deber de confidencialidad respecto a la información recibida. Este mandato abarca la información sensible, comercial o política compartida durante las visitas.

Las directrices dejan algo claro: la obligación de guardar secretos no termina solo porque el enviado deja el cargo. Además, las regulaciones señalan específicamente que las Leyes de Secretos Oficiales de 1911 y 1989 cubren este puesto.

Si realmente compartió esos delicados detalles comerciales, el duque podría enfrentarse a serios problemas legales, en lugar de una simple violación del protocolo. Eso solo agravaría los problemas que ya enfrenta ante la opinión pública, aunque Andrés siempre ha insistido en que no hizo nada malo.